A veces pienso que la vida es como una película. Un film macabro que ya está rodado. No deja de ser más que una historia escrita. Unos hechos llevan a otros, y estos otros a unos nuevos... pero siempre conectados entre ellos.
Y es en estos días cuando me viene a la cabeza una idea lógica: si en las películas, cuando un actor está a punto de terminar contrato, lo acaban matando... podrá llegar un momento
en que a mí también me acaben matando...? Siempre en sentido figurado, claro (o eso espero...). La primera respuesta que nos viene a la mente es, si aceptamos la hipótesis de una vida escrita, lógicamente, que sí.Ahora bien, hay ocasiones en que, a mitad del proceso mortal (llamémoslo así), el actor renegocia su nuevo contrato con el director y hay que volverlo a resucitar. Como si de una historia bíblica se tratase. Por tanto, aquí viene la segunda pregunta (entre otras muchas que me he saltado por el camino): ¿se puede cambiar el destino fatal de un actor? Y si es así... y (repito), partiendo de la misma hipótesis inicial, podemos nosotros renegociar nuestro final? Ahí ya no me atrevo a contestar...
Siempre he creído que, aunque en cierta medida todo está escrito, finalmente somos nosotros los que tomamos la última decisión. Así pues: matemos al actor secundario.
Vale, toma buena!
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